viernes, 30 de abril de 2010

jueves, 29 de abril de 2010

DIOSES



En estas islas, "donde vivieron los dioses", puede uno venir y ver los pueblos blancos inmaculados con sus ventanitas azules. Y verlo bonito y agradable a la vista; venir y entrar en los contradictorios por su nombre "mini  super market", donde algunos se entusiasmarán por encontrar todo aquello que encuentran en sus ciudades de origen sin que allí les llame la atención. También las hermosas playas de lo que sólo verán las playas, sin otra imaginación, sin poesía, sin memoria. Y qué decir de que en cualquier sitio por pequeño que sea esté plagado de "renta cars". Eso lo verán algunos turistas que lo tendrán todo más fácil.

Los viajeros en cambio, cuando pisen  estas islas recordarán que en estas tierras fue posible que naciera nuestra forma de vivir, de entender la vida durante muchos siglos. Que aquellos dioses a imagen y semejanza en los comportamientos de los hombres, los dioses que emprendía batallas o las organizaban en favor de aqueos, argivos  o troyanos, tratando de que  vencieran aquellos a los que otorgaban sus favores, no hacían sino que reproducir sus deseos.  Y era así porque las batallas de los dioses eran las batallas de los hombres. Siempre ha sido así. Pero aquellos dioses encerraban una carga poética inmensa, que después se perdió en el oscurantismo.

Después, una vez liquidados aquellos dioses  griegos por la barbarie, la sin razón y la intolerancia,  que siendo muy poderosos nunca tuvieron la demencial idea de ser todopoderosos, nacieron otros de mentes mucho menos razonables y egoístas, y queriéndose apropiar de todo.  Entonces no hubo problema, el dios todopoderoso-curiosamente a pesar de lo cual necesitó y necesita una legión de intermediarios sacerdotes en una escala jerárquica que abochorna –  sí supieron, en las mucho más sangrientas batallas, de parte de quién estaba sus poderes: Con el poseedor del vellocino de oro. ¡Qué grandes y tolerantes eran los dioses griegos a pesar de lo libertinos– quizá por eso– que solían ser, comparados con el dios  que se inventaron después, el que lo puede todo, el intolerante, al que hay que temer! 

Aquellos dioses de la Grecia Clásica, sin absolutas pretensiones, permitían que el Panteón fuera mucho más tolerante, variado y como es lógico por tanto,  más democrático. Por algo los habían creado los hombres. Después, otros hombres, en el oscurantismo crearon el otro dios que pedía sangre y tributos, en forma contante y sonante, y sigue pidiéndola y sigue pidiéndolo de mil maneras, o apropiándoselo.  Y sus sacerdotes siguen sin pedirle a su dios que los deje en paz; y que ya que es omnipresente y todo poderoso, que haga el trabajo sucio él mismo. Pero no, porque los dividendos siguen ahí. El vellocino, en forma de bancos y sobre todo banqueros    y grandes corporaciones, sigue siendo el patrón. Y es que dios siempre, como dijera el poeta, "come en la mesa del señor".

Ubaldo

lunes, 26 de abril de 2010

TODOS SOMOS GRIEGOS, TODOS SOMOS HIJOS DE HOMERO


TODOS SOMOS GRIEGOS, TODOS SOMOS HIJOS DE HOMERO

Quizá, para viajar a Grecia hay que poner una parte de imaginación. Para ver entre las rocas cómo la Medusa aparece entre ellas. Y para evitar que el viajero, como le sucedía a todo el que osaba mirarla, aquella horrible cabeza cubierta de serpientes, uno tiende a creer que el dios Helios, con sus rayos solares en un mar tranquilo y sosegado, deslumbra nuestros ojos para evitar que su mirada se cruce con la maligna figura, y así evitar convertirse en estatua de piedra.Y ver cómo Eolo, con sus  soplos y finos vientos hace avanzar los barcos por la mar, ora violenta, ora calma, por donde Odiseo intenta llegar a su Ítaca, su reino, su meta, su final. Y nos enseña que lo importante de ése viaje no es llegar, sino el viaje mismo, su intensidad, la aventura. Los encuentros con la maga Circe, el ver el mundo  tan variado y encontrarse con Polifemo (cualquier obstáculo) y que a pesar de su fortaleza, su brío, su poder desmesurado (la dificultad), es la inteligencia, no la fuerza bruta la que debe vencer. Y Ulises, sale de aquel trance porque sabe que es así. Pero en nuestro héroe sigue anidando el deseo, más que del regreso a su reino, del viaje, las nuevas aventuras de la vida,  porque  sabe que cuando haya llegado a Ítaca se habrá terminado todo. Lo que empuja su anhelo es reencontrarse con Penélope, la fiel amada y con su hijo Telémaco que lo esperan desde hace 20 año cuando partió para Troya a combatir en una lid en la que los dioses tomaron partido. Pero Odiseo sigue viviendo en la aventura con toda su energía, viviéndola como un héroe que sabe que pronto todo habrá llegado a su fin.Troya destruida. Y  que por su irreverencia de hombre,  de alguna manera se ha enfrentado a los dioses, éstos  castigaron al Rey de Ítaca, Ulises, a vagar durante diez años por los mares, por el Egeo, por sus islas doradas y blancas, azules del reflejos de los mares movidos por el dios Poseidón que lo martiriza, porque Ulises es quizá el primero que empieza a cuestionar las decisiones caprichosas del poderoso dios de los mares, de los dioses, en definitiva, del Poder y eso ya es un paso hacia la civilización. Porque el hombre griego carece de voluntad: todo sucede por decisión de los dioses. Ulises lucha para que eso cambie; para que cambie la superstición por la razón, por la civilización.
 Los vientos, por la caprichosa voluntad de los dioses les eran adversos al duro Odiseo; y una y otra vez devolvían sus naves al ancho mar. Pero Ulises no cesaba de luchar por el regreso a su reino, a su casa, a lo que sabe es  su final como héroe, por el sacrificio que sabe ha de hacer. Porque en realidad el regreso es poner fin a nuestro viaje, a lo que de verdad tiene motivos de ser. A pesar de los desafíos, de las melosas y atrayentes y malévolas sirenas, deberá salvar los obstáculos para seguir su camino, como el de todos, hasta nuestro fin. Y los deseos y buen trato que el rey de los feacios, en la isla de Esqueria, Acínoo, y su bella hija, Nausícaa le proporcionan, no impedirán su marcha, su regreso a Ítaca, su destino final que las Parcas le tienen resevado, tras  descansar y disfrutar de la hospitalidad; como cuando dejó la isla de Calipso donde vivió un amor apasionado y tuvo que ser rescatado por decisión de propio señor del Olimpo, Zeus, que envió a Hermes para que la Maga Circe no retuviera por más tiempo al rey de Ítaca.
Toda su lucha para regresar es ardorosa. Pero Ulises  sabe que al final del camino, y cuando haya resuelto los problemas de su reino, del acoso a Penélope por aquella turba de interesados pretendientes,  todo será  lo contrario que un héroe como él desea: la rutina. Como nuestra rutina tras cualquiera de nuestras aventuras. Porque los héroes han de estar permanentemente en lucha–héroes cotidianos los de cada día, muchos anónimos– por superar los obstáculos. Los héroes, como Aquiles, han de morir jóvenes para que el mundo los recuerde como héroes por sus hazañas, por su entrega, por su huella dejada al futuro. De lo contrario llevarán una vida larga, pero anónima, anodina. Los dioses y héroes no pueden ser así, los héroes han de correr riesgos.
Un poco así hay que imaginar el mundo griego: para entrar dentro de esa inmensa cultura que ha modelado al mundo de Occidente y sigue siendo guía con lo mejor de su cultura, de lo mejor de  nuestra forma de ver y entender el mundo, la civilización.  Porque todos en Occidente somos griegos. Todos, aunque ni siquiera la mayoría de la veces seamos conscientes de ello, somos hijos de Homero.

Ubaldo

viernes, 23 de abril de 2010

lunes, 19 de abril de 2010

jueves, 15 de abril de 2010

martes, 13 de abril de 2010

viernes, 9 de abril de 2010

lunes, 5 de abril de 2010

Costa de Sérifos

Cerrado.

Hoy domingo, dicen que porque era Pascua, todos los museos están cerrados. Así que me he tenido que conformar, como miles de visitantes, con ver más o menos desde lejos, desde los aledaños, lo poco que era posible ver. Es una lástima porque mucha gente llegaba con el único día posible en sus viajes a la carrera, para visitar Atenas. No se comprende que una ciudad–supongo que en el resto de país pasaba lo mismo– cierran. Lo curioso es que los empleados sí estaban, lo confunde mucha más y me hace pensar que es un cuestión puramente religiosa impuesta por la potente iglesia.